Las reinas de antaño según los cánones de belleza de hoy

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Si echamos un ojo a los retratos de las reinas que un día gobernaron en Europa, en seguida nos llama la atención lo limpios que están sus rostros. Acostumbrados a las celebridades de las revistas, súper maquilladas y súper “photoshopeadas”, estas reinas de antaño se nos antojan sosas, sin gracia en la cara e incluso feas (si, bien, algunas realmente lo eran).

Así que me he aliado con mi buen amigo Photoshop para convertir -con mucha paciencia- a algunas estas reinas inmortalizadas en oleo sobre lienzos en celebrities de hoy en día. 

Al terminar de maquillarlas, he querido dar un paso más. Si las reinas y celebridades de hoy en día pasan por el quirófano para retocarse y parecer más bellas, ¿por qué no someter al bisturí digital a las reinas de siglos pasados? Si bien es cierto que los pintores de cada época ya tendían a mostrar el lado bello de las personas retratadas (el claro ejemplo lo encontramos con Isabel II, que era un verdadero trol), está claro que aún queda mucho por hacer. Así que he tomado estos retratos y los he editado siguiendo los cánones de belleza de hoy (ya sabemos cuáles son: labios carnosos y bocas grandes, rostros afilados, pómulos marcados, narices pequeñas y bonitas, grandes pechos…), para que estas reinas parezcan salidas de un capítulo de Juego de Tronos.

¡No sigáis maltratando a los signos de puntuación!

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¿Es que no os dais cuenta? Los estamos maltratando, los estamos arrinconando. Y sufren, ellos sufren mucho y no somos conscientes de que los necesitamos. ¡Los signos de puntuación no nos han hecho nada para que los tratemos tan mal!

La casa que no tenía libros

Me abrió la puerta y me acompañó hasta el salón. Parecía un piso nuevo, aunque el edificio ya había conocido más décadas de las que cualquiera pudiera imaginar. En busca de un lugar donde dejar mi abrigo, mis ojos realizaron un fugaz paseo por el salón. Dos segundos bastaron para darme cuenta de que ese salón era especial. Pero, ¿por qué? ¿Qué era lo que me llamó la atención? Necesité otro vistazo de dos segundos para darme cuenta: En todo el salón no había un solo libro a la vista.

Fantasías


Relato de un despegue (cuando no te gusta nada volar)

Lo confieso: no me gusta volar, me da miedo. ¿Acaso soy una cobarde? Para nada. Es solo que ascender por encima de las nubes es anti natura, algo para lo que el ser humano, en su diseño inicial y más primitivo, no está programado.

De ahí que las piernas me empiecen e flaquear según avanzo por el pasillo hacia el avión, y que el pulso se me acelere cuando me siento en mi estrecho asiento y ojeo las instrucciones de evacuación y medidas de seguridad de la aeronave sabiamente colocadas en la bandeja del respaldo delantero. ¡Qué decir de cuando la azafata comienza a explicar cómo hinchar el chaleco salvavidas, etc., etc., mientras el avión avanza lentamente, sentenciado, hacia la pista de despegue!

Cómo matar una araña sin derramar una sola gota de sangre (o lo que sea que segregan esos bichos)

En mi casa hay arañas. Arañitas. A veces salen, nos cruzamos, nos saludamos y cada una sigue su camino. No tengo inconveniente en compartir mi vida y mi intimidad con estos entrañables bichitos.

Pero el martes, a las 22:35, entro al baño a lavarme los dientes y en el reflejo del cristal veo que del plafón del techo cuelga una araña. Una gran araña con unas patas larguísimas y un cuerpo asqueroso. Así que cuando alcanzan dimensiones que empiezan a producir asquito y te ponen la carne de gallina con solo mirarlas (aunque sea por una vitrina. ¡Qué tendrán!), es mejor deshacerse de ellas para no encontrártelas de frente en espacios reducidos y a muy corta distancia.

El monstruo de debajo de mi cama

La historia que relato a continuación representa un hecho real y veraz que tuve el horror de vivir en mis propias carnes. Podéis creerlo o no, me da igual. Pero allá vosotros. (Posiblemente más de uno también se haya visto en la misma situación).

La noche del 22 al 23 de julio fue una calurosísima y a la vez tormentosa noche; posterior a la luna llena. Abrí la ventana para que entrase el fresco que trajo la tormenta y me metí en la cama con mi pijama de cerdos mutantes hacia las 23:00. Di vueltas y más vueltas, ¡qué calor! Finalmente decidí despojarme de las sábanas y dormir con mi cuerpo al descubierto, sin más protección que la luz de las farolas de la calle que se colaba por mi ventana.

Tocando a Muse con el iPad

No sé tocar el piano y no tengo dos iPads. Pero tengo una cámara de vídeo, un trípode, un software de edición, perseverancia, tiempo libre y puedo dar gracias a la genética por darme una habilidad musical bastante decente. Con paciencia y la ayuda de vídeos de YouTube, he sacado la intro del tema Exogenesis: Symphony part III. Redemption de los grandísimos Muse. Ahí va:

Todos sabemos cómo acabará la peli: Ingredientes para cocinar una típica película de Hollywood según su género

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La mayoría de las películas de Hollywood (mundillo gobernado por los judíos y que tienen como objetivo el mayor beneficio económico) son blockbusters de consumo masivo, preparadas y empaquetadas para alimentar las masas sencillas y de pensamiento plano que han crecido en pleno boom comercial.

Son películas totalmente previsibles, todas ellas con ingredientes comunes, un desarrollo muy parecido, un final que se veía venir y hasta un elenco de actores habituales. Desde comedias a dramas, los productores hollywoodienses saben cómo preparar películas digeribles y que les retornarán mucho dinero. Lo que vendrían a ser barritas de chocolate de distintos sabores que todo el mundo adora: sabes que son malas para la salud y a la larga te acarrearán problemas de salud e incluso intolerancias alimentarias, pero están deliciosas y prefieres una de esas a un plato de verduras.

La belleza de las verduras

Coliflor

Son sanas, están llenas de vitaminas y nutrientes, son naturales, son frescas, están deliciosas y son bellas. Da gusto admirarlas e inmortalizarlas mientras posan en todo su esplendor y dejando al descubierto su lado más bonito.