Cosas que nunca tienes que decirle a un hombre y a una mujer

Hombre y mujer

Noemí Rivera 2010. (cc) by-sa

Existen una serie de cosas que no hay que recordar a los hombres y a las mujeres. Nunca me había parado a pensar en ello, pero la conversación que escuche por casualidad hace poco en un restaurante me hizo reflexionar…

Resulta que en la mesa de al lado se había reunido una familia a comer: los padres, los hijos (calculo que rondarían entre los 22 y los 30) y la abuela. Existen abuelas genéticamente programadas para no hacer cumplidos y caracterizadas por una sinceridad arrolladora. Ese era un caso claro. Aquella mujer se encargó de hundir en la miseria sus dos nietos. ¿Por qué? Porque pronunció las frases prohibidas.

-Madre mía… -dijo dirigiéndose a la chica- si cada vez que te veo estás más gorda… Hay que ver qué cara de torta que tienes…”.

La chica se sintió algo ofendida, pero intentó explicar su querida abuela el porqué del fenómeno:

-Claro, abuela, es normal que vaya engordando progresivamente. Las hormonas femeninas contribuyen a la acumulación de grasas a modo de reserva por si nos quedamos embarazadas. Desgraciadamente, es difícil evitarlo.

-¡¿Cómo?! ¿Que estás embarazada? ¡Pero si no tienes novio! ¿Cómo es eso posible?

-No, abuela, no estoy embarazada… -dijo empezando a desesperarse.

-¡Pues deberías! Yo a tu edad ya había parido al quinto. Más vale que te vayas dando prisa y encuentres un marido, que se te va a pasar el arroz.

-Gracias por recordármelo, abuela -dijo la chica algo molesta.

-Y tú -prosiguió la abuela está vez con su nieto menor-, hay que ver; cada día tienes menos pelo. Eres como tu padre, a los 27 ya estaba pelado. Cómo se nota que te estás haciendo ya viejo…

-¿Solo me quedan dos años de melena? -exclamó el chico con el horror reflejado en su mirada.

-¿Dos? Estate contento si llegas a dos, que con las porquerías que comes deberías de estar ya calvo del todo.

El chico no dijo nada más y bajó la mirada, serio, mudo, pensativo.

-¿De verdad cres que me quedaré calvo? -preguntó a su padre en un intento de escuchar un no por respuesta.

-Tranquilo, a muchas mujeres los hombres calvos les resultan muy sexis -respondió el padre para consolar a su vástago.

Desde donde me encontraba, pude leer la angustia y el desconcierto que afloraban tras los ojos de aquellos dos jóvenes. Sí, el tiempo pasa y no podemos hacer nada para detenerlo. La juventud pasa sin que nos demos cuenta y nuestro cuerpo va perdiendo la frescura de esos años de inconsciencia y hormonas revueltas. Pero esa angustia se acentúa cuando miramos el reloj y vemos que cada vez es más y más difícil emplear nuestro físico para cortejar con éxito al sexo opuesto y así poder procrear como lo manda nuestra condición animal.

Desde que existen los espejos, cada cual somos conscientes del paso del tiempo. No necesitamos que nadie nos lo recuerde.

Moraleja: Jamás le digas a una mujer que está gorda o engordando. Jamás le recuerdes a un hombre que cada vez tiene menos pelo. Y jamás le recuerdes a ninguno de los dos que no tiene pareja.

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