10 casas hay que tener en cuenta en la cocina

Tanto como si eres un chef experto como un neófito de la cocina, existen reglas básicas que debemos tener muy en cuenta cuando nos enfrentamos a los fogones si es que queremos salvaguardar nuestra integridad física y emocional. Ahí van diez:

1. No subestimar la temperatura de lo que estamos cocinando

Muchas veces, cegados por nuestros superpoderes de especie superior al resto de la fauna, ignoramos las más básicas leyes de la física y tendemos a manipular herramientas y alimentos incandescentes con nuestras manos: sacar alimentos de la sartén directamente con las manos, probar la comida recién salida de la cazuela, coger puñados de hielo como si de trozos de pan se tratasen… No olvidemos que, aunque no podamos verlo con los ojos, el calor es real y las cazuelas y su contenido queman. Y, desgraciadamente, las maldiciones no ayudan a mitigar el dolor.

2. Nunca meter utensilios metálicos en el tostador

Obvio, pero cuando el tiempo aprieta y la rebanada de pan se ha quedado maliciosamente atrapada en el tostador y no hay meneos ni gritos que la hagan salir, la ansiedad y la rabia nos hacen recurrir a todo tipo de artimañas que son más efectivas que sensatas. Son efectivas, claro está, si el utensilio no roza la resistencia del tostador, en cuyo caso no tendremos más remedio que lucir un precioso cardado.

3. No olvidar que el horno tiene un cristal a través del cual podemos segur el proceso de lo que estamos cocinando

Obvio también, no debemos hacer mucho caso de los tiempos o temperaturas que marcan las instrucciones de preparación de cada receta porque como cada horno es un mundo -el mío, sin ir más lejos tiene más de 20 años, y mejor no os cuento cuánto tarda en hacerse una pizza-. Por eso, hasta que le cojamos el punto, no está de más ir echando vistazos de cundo en cuando para ver si nuestro bizcocho está aún crudo o carbonizado. O si no echan nada interesante en la tele, podemos hacer guardia frente al horno y ver cómo va subiendo el bizcocho o cómo se va dorando el pollo, e ir tomando notas en un cuadernillo.

4. ¿El fuego mata todas las bacterias?

Siempre se ha dicho que tanto en el horno como en la cazuela mueren todos los bichillos malos que se pegan a la comida por culpa de una manipulación negligente: no lavarse las manos antes de empezar a cocinar (o después de sentarte en el trono de Roca), aprovechar la comida que en un descuido se nos ha caído al suelo, cocinar con un trancazo mastodóntico… Pero, ¿es realmente cierto que el pollo que ha rodado por el suelo de la cocina quedará esterilizado tras pasarse una hora en el horno? ¿Está a salvo la tortilla que hemos cuajado a fuego lento con una tos de perro de esas que te dejan unas marcadas abdominales? No hay manera de saberlo (bueno, sí, pero no somos científicos), así que lo mejor será no tentar a la suerte y ser lo más higiénicos que podamos en la cocina.

5. No ignorar el sentido del olfato

En la cocina hay que estar con los cinco sentidos y, sobre todo con el olfato, en modo ON permanente. Será él quien nos advierta de que debemos volver al planeta tierra para hacer caso de ese filete que dejamos en la sartén y que ahora ya no es más que materia carbónica. Nos ayudará a no tirar comida y sartenes a la basura innecesariamente.

6. No perder la noción del tiempo

Muy relacionado con el punto anterior. Viajar a universos paralelos mientras estamos en la cocina puede arruinar nuestro menú. Viajes astrales, llamadas telefónicas, ser absorbido por la televisión o un interesantísimo artículo en un blog… Procuremos evitar este tipo de distracciones y, si no nos queda más remedio, tendremos que asegurarnos que el olfato está siempre alerta.

7. No mirar fijamente a la cebolla o cualquier cosa que haya estado en contacto con su fatal jugo innecesariamente

Sabemos que la cebolla provoca un picor de ojos que hace que hasta los más machotes suelten una lagrimilla. Es muy desagradable, de modo que evitemos mirarla siempre que sea posible, salvo que la estemos manipulando con un cuchillo, claro; que las manchas de sangre se quitan muy mal.

8. No olvidar que los cuchillos y elementos cortantes tienen mango

Revolver a ciegas en el cajón de los cuchillos no es una buena idea, tampoco agarrarlos por la hoja para sacarlos del escurridor. Recordemos que alguien les puso mango por un importante motivo, así que no lo olvidemos si queremos seguir conservando cinco dedos en cada mano.

9. Debajo de la fregadera no hay una bestia que se traga todo lo que le echamos (regla que excluye a EEUU)

El poder absorbente de las cañerías es impresionante, pero tenemos que tener en cuenta que solo funciona con materia líquida. No conviene preguntarse cosas como: «¿se tragará también estos granos de arroz?», “¿Podrá con estos restos de verdura?”. La primera vez la respuesta puede que sea sí, pero la segunda será no. Es mejor no tentar a la suerte, o tendremos que llamar al fontanero. No seamos vagos y tomémonos la molestia de tirar los restos de comida a la basura.

10. No guardar el azúcar y la sal en el mismo armario, ni en recipientes parecidos

Esto es todo un clásico, pero, ¿quién no ha endulzado alguna vez el café con sal? Pues eso. Sí que es cierto que en el momento que ambas materias entran en contacto con nuestros dedos, son perfectamente distinguibles, pero si usamos cucharillas de café como medida, estamos perdidos. De todos modos, estas equivocaciones a menudo dan pie a creaciones culinarias sorprendentes. Es el caso de los macarrones dulces; ¿los habéis probado? Una delicia. Seguro que así empezaron Adriá, Arzak y compañía.