El turrón de Suchard no es turrón. Y punto

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El turrón de Suchard no es turrón, es una farsa inventada por la industria del azúcar y las calorías innecesarias para hacer que los niños mierdas incapaces de pegar un buen mordisco al turrón duro puedan disfrutar de esa golosina navideña y para que las mujeres -y algunos hombres- yonkis del chocolate tengan una excusa para seguir zampando cacao cual hambrientos buitres ante el exquisito cadáver de un león.

El turrón está compuesto por almendras, azúcar, miel y oblea. El «turrón» de Suchard por toneladas de grasas saturadas,  azúcar, cacao, leche y trocitos de arroz inflado. Eso, señoras y señores, no es turrón. Llamadlo tableta de chocolate o chocolate navideño, por ejemplo. Pero no turrón. Y perdonadme si me pongo demasiado purista, pero estos temas me hierven la sangre. Maldito marketing. Si al menos ese chocolate fuera de calidad… Pero al segundo mordisco ya te entran arcadas por el empalague mega-grasiento y dulzón.

«Es que el turrón es muy duro», «es que me cuesta masticarlo», «es que a mí solo me gusta el Suchard»… Sois un hatajo de blandengues y viciosillos esclavos del cacao. Y punto. Venga, odiadme, fervientes amantes del turrón de Suchard.

También tengo unas cuantas líneas reservadas para el turrón blando. Pero eso, queridos y enfurecidos lectores, lo reservo para otra ocasión (si me siento lo suficientemente encendida como para empezar a escribir).

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