El monstruo de debajo de mi cama

La historia que relato a continuación representa un hecho real y veraz que tuve el horror de vivir en mis propias carnes. Podéis creerlo o no, me da igual. Pero allá vosotros. (Posiblemente más de uno también se haya visto en la misma situación).

La noche del 22 al 23 de julio fue una calurosísima y a la vez tormentosa noche; posterior a la luna llena. Abrí la ventana para que entrase el fresco que trajo la tormenta y me metí en la cama con mi pijama de cerdos mutantes hacia las 23:00. Di vueltas y más vueltas, ¡qué calor! Finalmente decidí despojarme de las sábanas y dormir con mi cuerpo al descubierto, sin más protección que la luz de las farolas de la calle que se colaba por mi ventana.

Grave error. Al poco tiempo, sentí un escalofrío. Algo no iba bien, pero mis sábanas estaban en el suelo, desterradas por el bochorno de medianoche, de modo que no pude protegerme (porque me daba una pereza horrible moverme a por ellas cuando estaba a puntito de dormirme). Afuera, se estaba desatando una tormenta con rayos y truenos que me desasosegaban aún más.

Cambié de postura en busca de la mayor comodidad para que mi cuerpo se rindiera de una vez por todas a Morfeo, y tras la acción, uno de mis pies quedó en el borde de la cama, con los dedos asomando por el precipicio sobre el parquet. Y entonces empezó todo.

Poco a poco, unos tentáculos fluorescentes y pegajosos comenzaron a emerger por debajo del somier. Mis piernas y brazos desnudos desprotegidos por la poderosa sábana quedaron a merced de aquel monstruoso ser que habita bajo mi cama. Ahora sé que es real, sé que existe y que mis padres han estado mintiéndome durante 26 años.

El pegajoso tentáculo se enroscó en mi tobillo. Me estremecí, agité mi cuerpo bruscamente, pero ya era tarde, estaba presa. El monstruo empezó a tirar muy lentamente hacia abajo y fui escurriéndome poco a poco por toda la cama hasta casi tocar el suelo, momento en el que ya no habría nada que hacer, pues entonces sería engullida por el monstruo.

Antes de que el pulgar de mi pie izquierdo tocase el suelo, en un movimiento fugaz logré agarrar la sábana que se encontraba colgando en el extremo de la cama. Rápidamente envolví mi cuerpo con ella sin dejar un solo hueco libre más que el del pie preso. En ese instante, el poder de la sabana derrotó al monstruo que inmediatamente soltó mi tobillo y volvió a descender a las profundidades de debajo de mi cama.

Moraleja: Por mucho calor que haga, nunca duermas destapado o serás atacado por el monstruo de debajo de la cama. Existe, no es un mito.

Un comentario en El monstruo de debajo de mi cama

  1. Manrique dice:

    Hace tiempo derrote al monstruo de debajo de la cama ignorandolo. Tarragona es más caluroso y era o él o yo.

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