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Cómo matar una araña sin derramar una sola gota de sangre (o lo que sea que segregan esos bichos)

En mi casa hay arañas. Arañitas. A veces salen, nos cruzamos, nos saludamos y cada una sigue su camino. No tengo inconveniente en compartir mi vida y mi intimidad con estos entrañables bichitos.

Pero el martes, a las 22:35, entro al baño a lavarme los dientes y en el reflejo del cristal veo que del plafón del techo cuelga una araña. Una gran araña con unas patas larguísimas y un cuerpo asqueroso. Así que cuando alcanzan dimensiones que empiezan a producir asquito y te ponen la carne de gallina con solo mirarlas (aunque sea por una vitrina. ¡Qué tendrán!), es mejor deshacerse de ellas para no encontrártelas de frente en espacios reducidos y a muy corta distancia.