El apartamento de Oskar

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Oskar vive en un luminoso apartamento de 43 metros cuadrados en las afueras de Estocolmo (acaba de mudarse), aunque la mayor parte del tiempo –sin contar el tiempo que pasa durmiendo- lo pasa en el pequeño balcón, siempre y cuando el caprichoso sol del verano sueco lo permita.

El balcón mira al sur, de modo que es todo un placer desayunar -una buena taza de té rojo y unas rebanadas de pan tostado con mermelada de manzana- al aire libre mientras los tímidos rayos de sol del final del verano acarician tu cara. Eso sí, en cualquier momento las nubes pueden hacer acto de presencia y recordarte con unas suaves gotas de lluvia y una fresca brisa que el verano está llegando a su fin, a pesar de ser 27 de agosto.

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En el salón de Oskar hay una estantería de Ikea que él mismo pintó de rojo y que contiene un montón de libros ordenados no alfabéticamente ni por temas o autores, sino por colores; dando lugar a un precioso arco iris de literatura tanto sueca como universal.

En el salón de Oskar también hay un horrible sofá de cuero  color cámel; es tan feo, que lo tiene cubierto con una manta blanca que no deja de moverse y dejarlo al descubierto. En el sofá solo se pueden sentar dos personas. Solo sentarse, porque si uno quiere adoptar una postura más relajada y tumbarse ligeramente, invadirá el espacio vital del otro. Pronto le llegará el sofá nuevo que compró y las reuniones con amigos dejarán de ser tan incómodas.

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En las ventanas del apartamento de Oskar no hay cortinas, tampoco en la de las ventanas de los vecinos de los edificios de alrededor, por lo que mirar por la ventana por las noches y observar qué se cuece en los demás apartamentos puede ser una actividad bastante entretenida.

Pero, aunque Oskar no tenga cortinas, tampoco las necesita realmente, porque los frondosos pinos que rodean el bloque de apartamentos le otorgan la privacidad suficiente. Es más, dentro de muy poco, las ramas podrán entrar en casa a través de las ventanas.

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Cuando el sol se despide por el oeste y el cielo se va volviendo más y más oscuro, Oskar enciende velas en toda la casa. No lo hace por ahorrarse unas coronas en la factura de la luz, sino porque la luz que emanan las lámparas le impiden luego conciliar el sueño.

Oskar no es el único enamorado de las velas y su luz, en Suecia es muy común que la gente encienda velas al caer el ocaso, tanto que incluso en los supermercados más pequeños existe una sección de velas y accesorios. Y es que el invierno escandinavo es muy largo y oscuro, y uno necesita una luz más natural y acogedora que la que viaja a través de los cables de alta tensión.

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Oskar es fan de Breaking Bad, esto es lo que tiene puesto en la puerta de su casa.

 

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