Category Archives: Mi mundo

Soy un fantasma

Hong Kong

Soy un fantasma.

Soy un fantasma que emerge de entre la niebla matinal para mezclarse con las sombras. Sombras sin definir que cada mañana atraviesan la ciudad para ir a trabajar. Figuras teñidas de gris por la niebla, el frío y la tenue luz del alba.

La niebla es mi disfraz; el frio, mi respiración; el sol, mi verdugo. Detente un solo segundo y sentirás mi abrazo, la caricia de un otoño tardío en todo su esplendor.

Soy quien te produce escalofríos. El aire que se cuela entre tus ropas y te estremece, soy el último suspiro del vagabundo que duerme bajo el quiosco de música.

Soy un fantasma, la musa del poeta taciturno, el latigazo de los paseantes mañaneros, una hostil bienvenida a un nuevo día.

Y cuando llegue la primavera, ya nadie me echará de menos.

Vacío

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Aquel whisky barato acabó por rematarlo cuando aún le quedaban muchos amaneceres por ver.

A la pata coja vio pasar frente a sus ojos los borrones de los que se había compuesto su vida.

—Pobre infeliz. Se ha topado con la muerte sin siquiera haber vivido un solo día de su vida —le dijo una voz desde los más profundo de su oscuridad.

—¿Qué? ¿Por qué? —respondió desde algún lugar de camino hacia ninguna parte, donde su alma había sido condenada a pasar la eternidad.

Medianoche de un martes

Web

Llegó en el último tren. Salió de la estación y le sorprendió lo desierta que estaba la calle, no había gente, no había coches. Era la hora de los camiones de basura. Hacía tiempo que no se sentía tan sola en el planeta, caminando por las silenciosas calles. Llovía ligeramente, pero no abrió el paraguas, avanzó mientras las gotas de lluvia le iban humedeciendo la cara.

Al pasar por la plaza, vio que el reloj marcaba las 23:45 y por un momento se sintió como Cenicienta. Pero no, ese no había sido su gran día y tampoco un príncipe azul iría a buscarla. A mitad de camino se cruzó con un viandante despistado que volvía a casa. “¿De dónde vendrá? ¿Quién anda a estas horas por la calle un martes?”, pensó. Después sonrío. “Yo misma”.

Le cactus dépressif

Pinchitos III

Una foto publicada por Noemí Rivera (@noerive) el

Être un cactus ce n’est pas facile. Nous sommes voués à une triste vie de solitude parce que personne ne veut nous embrasser. Mon corps est couvert d’épines qui font Noémie crier. Oui, je suis le cactus de Noémie et j’habite dans un coin sur son bureau, dans une tasse qui était à sa mère. Tout le jour et toute la nuit.

El encanto del libro de papel

libros

Los libros electrónicos están de moda y son súper cool, eso no se puede negar. Es increíblemente práctico tener una novela de más de 800 páginas metida en un pequeño aparato que pesa menos de 200 gramos. Además, ¡también puedes guardar 1.000 novelas más en el mismo dispositivo! Toda la biblioteca de tu casa metida en un aparato del tamaño de una fina y pequeña agenda. Y qué decir del aspecto económico, ¡los libros electrónicos pueden llegar a costar hasta 10 veces menos que sus hermanos de papel! No obstante, todas estas ventajas jamás podrán hacer sombra al encanto y a la calidez del libro de papel de toda la vida.

Insignificante

Y, de repente, algo cae sobre ti y toda tu vitalidad se esfuma en un abrir y cerrar de ojos. Estás triste, profundamente triste. No puedes sonreír, lo intentas, pero nada te provoca una sonrisa, es como si no supieras hacerlo, es como si llevases toda una vida sin sonreír y ya no recuerdas cómo se hacía. Te cuesta, y desistes. Porque, al fin y al cabo, ni siquiera tienes motivos para sonreír.

Estas triste pero tampoco tienes ganas de llorar, esa tristeza te ha vaciado, nada se mueve dentro de ti. No hay nada peor que estar triste y no poder romper a llorar; porque, seguramente, también se te ha olvidado cómo se hacía.

Franz

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Franz estudia primero de Derecho. Por las mañanas va a la facultad, por las tardes acude a la biblioteca a estudiar durante un rato y por las noches, después de cenar, se encierra en su habitación hasta pasada la media noche.

Franz estudia en una de las universidades más prestigiosas del país. Sus padres están haciendo un sacrificio sobrehumano para poder permitir que su hijo se gradúe en esa universidad, pero hace ya unos meses que Franz devuelve los cheques que sus padres le envían para poder pagar sus gastos de vivienda, alimentación y libros.

El apartamento de Oskar

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Oskar vive en un luminoso apartamento de 43 metros cuadrados en las afueras de Estocolmo (acaba de mudarse), aunque la mayor parte del tiempo –sin contar el tiempo que pasa durmiendo- lo pasa en el pequeño balcón, siempre y cuando el caprichoso sol del verano sueco lo permita.

El balcón mira al sur, de modo que es todo un placer desayunar -una buena taza de té rojo y unas rebanadas de pan tostado con mermelada de manzana- al aire libre mientras los tímidos rayos de sol del final del verano acarician tu cara. Eso sí, en cualquier momento las nubes pueden hacer acto de presencia y recordarte con unas suaves gotas de lluvia y una fresca brisa que el verano está llegando a su fin, a pesar de ser 27 de agosto.

¡No sigáis maltratando a los signos de puntuación!

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¿Es que no os dais cuenta? Los estamos maltratando, los estamos arrinconando. Y sufren, ellos sufren mucho y no somos conscientes de que los necesitamos. ¡Los signos de puntuación no nos han hecho nada para que los tratemos tan mal!

La casa que no tenía libros

Me abrió la puerta y me acompañó hasta el salón. Parecía un piso nuevo, aunque el edificio ya había conocido más décadas de las que cualquiera pudiera imaginar. En busca de un lugar donde dejar mi abrigo, mis ojos realizaron un fugaz paseo por el salón. Dos segundos bastaron para darme cuenta de que ese salón era especial. Pero, ¿por qué? ¿Qué era lo que me llamó la atención? Necesité otro vistazo de dos segundos para darme cuenta: En todo el salón no había un solo libro a la vista.