Category Archives: Mi mundo

La casa que no tenía libros

Me abrió la puerta y me acompañó hasta el salón. Parecía un piso nuevo, aunque el edificio ya había conocido más décadas de las que cualquiera pudiera imaginar. En busca de un lugar donde dejar mi abrigo, mis ojos realizaron un fugaz paseo por el salón. Dos segundos bastaron para darme cuenta de que ese salón era especial. Pero, ¿por qué? ¿Qué era lo que me llamó la atención? Necesité otro vistazo de dos segundos para darme cuenta: En todo el salón no había un solo libro a la vista.

Relato de un despegue (cuando no te gusta nada volar)

Lo confieso: no me gusta volar, me da miedo. ¿Acaso soy una cobarde? Para nada. Es solo que ascender por encima de las nubes es anti natura, algo para lo que el ser humano, en su diseño inicial y más primitivo, no está programado.

De ahí que las piernas me empiecen e flaquear según avanzo por el pasillo hacia el avión, y que el pulso se me acelere cuando me siento en mi estrecho asiento y ojeo las instrucciones de evacuación y medidas de seguridad de la aeronave sabiamente colocadas en la bandeja del respaldo delantero. ¡Qué decir de cuando la azafata comienza a explicar cómo hinchar el chaleco salvavidas, etc., etc., mientras el avión avanza lentamente, sentenciado, hacia la pista de despegue!

Cómo matar una araña sin derramar una sola gota de sangre (o lo que sea que segregan esos bichos)

En mi casa hay arañas. Arañitas. A veces salen, nos cruzamos, nos saludamos y cada una sigue su camino. No tengo inconveniente en compartir mi vida y mi intimidad con estos entrañables bichitos.

Pero el martes, a las 22:35, entro al baño a lavarme los dientes y en el reflejo del cristal veo que del plafón del techo cuelga una araña. Una gran araña con unas patas larguísimas y un cuerpo asqueroso. Así que cuando alcanzan dimensiones que empiezan a producir asquito y te ponen la carne de gallina con solo mirarlas (aunque sea por una vitrina. ¡Qué tendrán!), es mejor deshacerse de ellas para no encontrártelas de frente en espacios reducidos y a muy corta distancia.

El monstruo de debajo de mi cama

La historia que relato a continuación representa un hecho real y veraz que tuve el horror de vivir en mis propias carnes. Podéis creerlo o no, me da igual. Pero allá vosotros. (Posiblemente más de uno también se haya visto en la misma situación).

La noche del 22 al 23 de julio fue una calurosísima y a la vez tormentosa noche; posterior a la luna llena. Abrí la ventana para que entrase el fresco que trajo la tormenta y me metí en la cama con mi pijama de cerdos mutantes hacia las 23:00. Di vueltas y más vueltas, ¡qué calor! Finalmente decidí despojarme de las sábanas y dormir con mi cuerpo al descubierto, sin más protección que la luz de las farolas de la calle que se colaba por mi ventana.

Todos sabemos cómo acabará la peli: Ingredientes para cocinar una típica película de Hollywood según su género

cine
La mayoría de las películas de Hollywood (mundillo gobernado por los judíos y que tienen como objetivo el mayor beneficio económico) son blockbusters de consumo masivo, preparadas y empaquetadas para alimentar las masas sencillas y de pensamiento plano que han crecido en pleno boom comercial.

Son películas totalmente previsibles, todas ellas con ingredientes comunes, un desarrollo muy parecido, un final que se veía venir y hasta un elenco de actores habituales. Desde comedias a dramas, los productores hollywoodienses saben cómo preparar películas digeribles y que les retornarán mucho dinero. Lo que vendrían a ser barritas de chocolate de distintos sabores que todo el mundo adora: sabes que son malas para la salud y a la larga te acarrearán problemas de salud e incluso intolerancias alimentarias, pero están deliciosas y prefieres una de esas a un plato de verduras.

Ser miope y la lluvia

Ser miope es sentir la lluvia pero no ser capaz de verla.

Ser miope es sacar medio cuerpo por la ventana para ver si llueve,
en lugar de simplemente mirar a través de ella.

Ser miope y llevar gafas es perder el 70% de tu visión cuando no llevas paraguas.

Ser miope es descubrir que en realidad no caía sirimiri al otro lado de la ventana,
sino que solo tenías que limpiar bien las gafas.

Lluvia

Trabajar desde casa y el “Síndrome del Indigente”

Trabajando desde casa

Después de un año trabajando desde casa, he podido ser testigo en primera persona de un fenómeno que casi seguro afecta a muchas personas que también tienen la “oficina” en casa, así como a estudiantes universitarios en época de exámenes. Y es que, al apenas carecer de contacto social con otros compañeros y debido a la comodidad que nos brinda nuestro hogar, existe una fuerte tendencia a descuidar tanto nuestra imagen física como nuestra higiene corporal. A este peculiar fenómeno lo he llamado el “síndrome del indigente”.

El 1 de enero no existe

Dicen que el año empieza el 1 de enero, pero eso es mentira. El 1 de enero no existe. Es un mito. Viene marcado en el calendario y en las agendas de todo el mundo, pero solo algunos lo viven: los niños, los ancianos y algunos adultos. Es decir, aquellos que o no celebran o no se sobran en las celebraciones del nuevo año.

El turrón de Suchard no es turrón. Y punto

turrón suchard

El turrón de Suchard no es turrón, es una farsa inventada por la industria del azúcar y las calorías innecesarias para hacer que los niños mierdas incapaces de pegar un buen mordisco al turrón duro puedan disfrutar de esa golosina navideña y para que las mujeres -y algunos hombres- yonkis del chocolate tengan una excusa para seguir zampando cacao cual hambrientos buitres ante el exquisito cadáver de un león.

Cómo echar a perder un té

Taza de té

Disfrutar de un té bien preparado es todo un placer. Sin embargo, hay muchos mortales que aún no saben cómo preparar esta exótica y deliciosa bebida. He aquí una pequeña lista con algunos errores comunes, y no tan comunes: